martes, 30 de diciembre de 2014

CATARSIS PÚBLICA DE FIN DE AÑO


Hoy es otro día más, y me parece que el tiempo anda a paso lento. Estoy en una época de mi vida que es casi irrespirable. Quizá la mayor responsabilidad de esta sensación se deba a la perdida reciente de un amor del que esperaba más. El tiempo que me sobra para pensar en la mujer que jamás volveré a besar es difícil de sobrellevar, pero lo asumo, no me escondo del dolor, sólo que es difícil. El resto de acontecimientos que me perturban están relacionados con los planes que me había trazado durante mi adolescencia y  que ahora, a mis 23 años, me están costando realizar. De todas formas hay que continuar, porque nadie va a venir a salvarme, hay que levantarse de la cama como se pueda y empezar a hacer las cosas que debo, poco a poco, mientras dura este letargo.
He tratado de distraerme para no pensar (para mí nunca ha sido fácil no pensar). Las fiestas me resultan aburridísimas, el trato en las discotecas me parece impersonal y superficial, además no me gusta mucho bailar, por lo que no tiene sentido que yo esté allí. Mis amigos, casi todos, son de ir a fiestas o salir con sus enamoradas y ahora no estoy de ánimo para ninguna de las dos cosas.

Hace una semana me operaron la vista y el médico me prohibió ver televisión, cosa que no me afecta mucho ya que no soy un espectador muy emocionado de los programas nacionales, y quizá por eso tampoco tengo mucho que conversar con la mayoría de jóvenes de mi edad. Otra cosa que no puedo hacer mientras recupero al cien por ciento mi visión es estar mucho tiempo en la computadora, específicamente en el internet, conversando por las muchas redes sociales con mis amigos, y como dije hace poco: ellos están en lo suyo. Tampoco puedo forzar mi vista leyendo dice el médico, algo que si me ha perjudicando bastante porque creo que es lo que más me gusta hacer.

Necesito hacer algo productivo que me ayude a sobrellevar mejor esta crisis de cuarto de vida. Admito que he estado de ocioso en mi casa, no ayudo con los quehaceres del hogar y la mayor parte del tiempo duermo, algo que quisiera cambiar, lo juro, sólo que no sé muy bien por dónde empezar: hay tanto que hacer.  Quizás es porque no tengo ánimos de nada, la vida me sabe a arena. Estuve buscando trabajo como practicante de redacción periodística en cualquier empresa que me permitiera escribir, así no me paguen, es necesario que adquiera experiencia pues estoy a un año de terminar mi carrera de periodismo, sólo que no encuentro nada y eso que me he pasado este mes de diciembre buscando y buscando por la web. De todas maneras aún necesito reponerme de la vista y para eso tengo un mes por lo menos, igual no podría trabajar y eso también me frustra.

Es un poco egoísta pensar sólo en mí, en que no tengo ánimos y lo del problema de mi vista, mientras mis padres y mis hermanos trabajan duro por mejorar la situación familiar, créame, yo me reprocho más que ellos, soy mi peor fiscal.  Y sé que no basta sólo con reprocharse, porque parecería que adopto una postura  autocompasiva al escribir todo esto, sólo para quedarme tranquilo con mi conciencia, pero no es así: yo sufro, sufro por no hacer lo que debería.

Hoy, sin embargo, he decidido comenzar a ayudar en mi hogar: apoyar en lo que me sea posible a mis padres, distraerme escuchando los cuentos de Chejov grabados en audio, por suerte el oído me funciona de maravilla. También tengo que ser paciente para lo del trabajo, no voy a rendirme a pesar de todo, es la carrera que elegí porque quería escribir, así que no me daré por vencido, no lo hizo Thomas Edison al inventar el foco de luz tras sus más de mil intentos fallidos y ahora casi todos nos alumbramos de su perseverancia. Así que manos y oídos a la obra, la función de mi vida debe de continuar.

PD: Lo olvidaba, después de haber redactado esto me siento mucho mejor, es magnífico el poder terapéutico que tiene la escritura.


viernes, 26 de diciembre de 2014

DESPUÉS DE LA TRAGEDIA.

Le habían roto el corazón hace unas semanas. Y en esa danza lenta de la monotonía las penas se resistían a declinar. De la cama a la mesa y de la mesa al computador; y del computador a la calle y de la calle a la cama: un eterno bucle desgarrador en diciembre, época en que la intensa felicidad de todos es equivalente al sufrimiento de un solo espíritu roto.

De todas formas había que sobrevivir, levantar de la cama ese cuerpo de plomo, primero un pie, después el otro, y apearse con lo que queda de orgullo, vestirse y continuar viviendo. Pero el recuerdo te salta a la cara apenas dejas de distraerte, mientras lavas los platos del insípido almuerzo, sigilosa y sin previo aviso se desliza una imagen: su tierna playera gris de Hello Kitty, su cabello castaño resbalándose en ondas sobre sus hombros, sus ojos infinitos, aquella sonrisa de niña…Y sacudes la cabeza y continúas con las tazas, con las cucharas, con las cucharitas y los tenedores.

Más tarde, cuando el cielo del verano se cubre de rubor, sales a caminar para extraviar a tu conciencia en ese mar de rostros y de cuerpos que te son indiferentes, pero al rato tus piernas se fatigan y te piden descanso, y tus ojos ya no quieren seguir abiertos, entonces los cierras y, sentado en un parque, el pasado te apuñala nuevamente y recuerdas que querías salvarla, mostrarle un mundo distinto al horrible mundo que ella conocía, pero no podías obligarla.

Querías que ella elija ese mundo nuevo por sí misma. Trataste de cuidarla, la ayudabas en sus trabajos, le conversabas casi siempre sobre su día a día, ella te escribía por internet para saber si estabas bien. A veces sentías que te amaba, a veces se aferraba a ti en los parques y llorando te pedía que nunca la dejaras, que te quedaras con ella para siempre. Y tú llorabas con ella y le jurabas que jamás la dejarías, y le besabas las lágrimas, sin saber cuan irónica es la vida: tú cumpliste tu palabra, fue ella quien te dejó. Y ahora, cada tropiezo lo sobrellevas con más calma, mientras su recuerdo se va borrando, te arrastras lentamente hacia el presente, donde ya otra persona espera de ti lo que siempre has sabido dar: amor.