Hoy es otro día más, y me parece
que el tiempo anda a paso lento. Estoy en una época de mi vida que es casi
irrespirable. Quizá la mayor responsabilidad de esta sensación se deba a la
perdida reciente de un amor del que esperaba más. El tiempo que me sobra para
pensar en la mujer que jamás volveré a besar es difícil de sobrellevar, pero lo
asumo, no me escondo del dolor, sólo que es difícil. El resto de
acontecimientos que me perturban están relacionados con los planes que me había
trazado durante mi adolescencia y que
ahora, a mis 23 años, me están costando realizar. De todas formas hay que
continuar, porque nadie va a venir a salvarme, hay que levantarse de la cama como
se pueda y empezar a hacer las cosas que debo, poco a poco, mientras dura este
letargo.
He tratado de distraerme para no
pensar (para mí nunca ha sido fácil no pensar). Las fiestas me resultan aburridísimas,
el trato en las discotecas me parece impersonal y superficial, además no me
gusta mucho bailar, por lo que no tiene sentido que yo esté allí. Mis amigos,
casi todos, son de ir a fiestas o salir con sus enamoradas y ahora no estoy de ánimo
para ninguna de las dos cosas.
Hace una semana me operaron la vista y el médico me prohibió ver televisión, cosa que no me afecta mucho ya que no soy un espectador muy emocionado de los programas nacionales, y quizá por eso tampoco tengo mucho que conversar con la mayoría de jóvenes de mi edad. Otra cosa que no puedo hacer mientras recupero al cien por ciento mi visión es estar mucho tiempo en la computadora, específicamente en el internet, conversando por las muchas redes sociales con mis amigos, y como dije hace poco: ellos están en lo suyo. Tampoco puedo forzar mi vista leyendo dice el médico, algo que si me ha perjudicando bastante porque creo que es lo que más me gusta hacer.
Hace una semana me operaron la vista y el médico me prohibió ver televisión, cosa que no me afecta mucho ya que no soy un espectador muy emocionado de los programas nacionales, y quizá por eso tampoco tengo mucho que conversar con la mayoría de jóvenes de mi edad. Otra cosa que no puedo hacer mientras recupero al cien por ciento mi visión es estar mucho tiempo en la computadora, específicamente en el internet, conversando por las muchas redes sociales con mis amigos, y como dije hace poco: ellos están en lo suyo. Tampoco puedo forzar mi vista leyendo dice el médico, algo que si me ha perjudicando bastante porque creo que es lo que más me gusta hacer.
Necesito hacer algo productivo
que me ayude a sobrellevar mejor esta crisis de cuarto de vida. Admito que he
estado de ocioso en mi casa, no ayudo con los quehaceres del hogar y la mayor
parte del tiempo duermo, algo que quisiera cambiar, lo juro, sólo que no sé muy
bien por dónde empezar: hay tanto que hacer. Quizás es porque no tengo ánimos de nada, la
vida me sabe a arena. Estuve buscando trabajo como practicante de redacción periodística
en cualquier empresa que me permitiera escribir, así no me paguen, es necesario
que adquiera experiencia pues estoy a un año de terminar mi carrera de
periodismo, sólo que no encuentro nada y eso que me he pasado este mes de diciembre
buscando y buscando por la web. De todas maneras aún necesito reponerme de la
vista y para eso tengo un mes por lo menos, igual no podría trabajar y eso también
me frustra.
Es un poco egoísta pensar sólo en
mí, en que no tengo ánimos y lo del problema de mi vista, mientras mis padres y
mis hermanos trabajan duro por mejorar la situación familiar, créame, yo me
reprocho más que ellos, soy mi peor fiscal. Y sé que no basta sólo con reprocharse, porque
parecería que adopto una postura
autocompasiva al escribir todo esto, sólo para quedarme tranquilo con mi
conciencia, pero no es así: yo sufro, sufro por no hacer lo que debería.
Hoy, sin embargo, he decidido
comenzar a ayudar en mi hogar: apoyar en lo que me sea posible a mis padres,
distraerme escuchando los cuentos de Chejov grabados en audio, por suerte el
oído me funciona de maravilla. También tengo que ser paciente para lo del
trabajo, no voy a rendirme a pesar de todo, es la carrera que elegí porque quería
escribir, así que no me daré por vencido, no lo hizo Thomas Edison al inventar
el foco de luz tras sus más de mil intentos fallidos y ahora casi todos nos
alumbramos de su perseverancia. Así que manos y oídos a la obra,
la función de mi vida debe de continuar.
PD: Lo olvidaba, después de haber
redactado esto me siento mucho mejor, es magnífico el poder terapéutico que
tiene la escritura.