viernes, 14 de noviembre de 2014

DIEZ DE LA NOCHE.

Era una noche de verano en el Centro de Lima, las tiendas cerraban y las personas volvían a sus casas. Yo estaba observando desde una banca el tránsito de la gente mientras fumaba mi último cigarrillo, cuando a mis espaldas escuché ser pronunciado mi nombre por una voz femenina de timbres apagados. El sonido de aquella voz espantó mi seguridad por unos segundos. Volteé rápidamente y al ver a aquella mujer disimulé mal una sonrisa.
- Aún te pongo nervioso - me dijo ella.
Hice como si no le hubiera escuchado ese comentario. Ella había sido un amor del pasado 5 años atrás, del que apenas había salido con vida y me había costado trabajo superarlo. Traté de recobrar la compostura, lancé mi cigarrillo al suelo y lo pise lentamente. Con la cabeza baja suspiré y al momento de exhalar me deshice de todos los fantasmas que habían vuelto. Alcé la mirada y le dije: “hola, a los años, ¿qué ha sido de tu vida?”. Ella sonrió con malicia, a lo mejor notó mi pequeña lucha interna, me dijo que conversáramos en el parque y me pidió que le invitará un café de esos que te dan para llevar.
Yo no sabía porque me quedaba a tomar ese café con ella, sé que había sido especial para mí, pero al final se había portado muy mal, había destrozado mi mundo interno. Hace años yo confié en ella, había bajado la guardia, no sólo me había rendido por amor, le había entregado mis armas. Ella siempre estuvo segura de que jamás le haría daño. Era yo el que en un acto heroico sobreviví a aquel amor que por poco me mata, no podía volver atrás.
Nos habíamos sentado frente a frente en una banca de mármol del parque para tomar los cafés que yo había comprado.
- ¿Cómo estás? – le pregunté, mientras me llevaba a la boca el vaso de café.
- Quise salir a caminar, porque... bueno, vi la foto de mi ex y se le ve feliz y se supone que debería sentirme feliz porque encontró eso que le faltaba y que no tenía conmigo; pero siento rabia porque me dolió amarlo, y tuve que desatar mil guerras civiles en mí para que pudiera dejarlo. Se moría él o me moría yo si seguíamos juntos.
Cuando me habló de su ex enamorado, me sentí a salvo. Me di cuenta que no tenía porque estar paranoico. Ahora podíamos quizá tener una conversación adulta de dos viejos conocidos.
- Me siento identificado – le dije.
- ¿Cuándo, niño, dime cuándo alguna de nuestras historias no nos identificarán? Rayos, me siento como en una novela mexicana– dijo ella con un gesto fugaz de fastidio.
- No te aflijas – respondí.
- No estoy afligida, estoy perturbada.
- ¿Pero qué haces viendo las fotos de tu ex? Sí quieres estar mejor evita eso.
- No sabes, aparte tengo un amigo que me quiere comer hasta con pan. Y otro tipo que me persigue – En ese momento, empezó a contarme las cosas con su tono pícaro de antaño- No estoy triste, sólo tengo rabia, pero ninguno de esos tipos me llegan a los talones jajaja.
- ¿Pero qué haces allí - pregunté yo – metida entre tantos nombres y tantos líos por nada?
- Y eso que no te hablo del chico que me gusta – Contestó burlona ella.
- ¡¿Y encima te gusta otro tipo?!- me sorprendí y reí – Jajaja.
- Jajaja no te rías, el también me desilusionó y eso que sólo me gusta. Mira que mala suerte, sólo me gusta y ya me desilusiona. Jajaja.
Por un momento sentí que éramos muy buenos amigos, que todo lo que conversáramos sería inofensivo.
- Me agrada que sepas reírte del dolor – le dije.
- ¿Qué?, ¿A ti no te parece gracioso? – Pregunto ella, muerta de risa.
- Sí, me da risa – le dije.
De pronto se puso seria y dijo:
- Creo que me quedaré sola al final – y mirándome fijamente, continuó – creo que en mi vida pasada fui congresista peruana.
- ¿Por qué lo dices? – Pregunté
- Porque nadie me quiere – y de pronto estallo de risa. Y yo no pude evitarlo, la secundé.
Después de reírnos seguimos hablando, se puso a contarme sobre su vida, sobre su trabajo y su día a día. Hasta que al final dijo:
- Tú también eres parte de esa vida... bueno, ese niño loco que fuiste para mí es parte de esa vida pasada.
- Bueno, loco soy, pero niño ya no. Ya no pinto declaraciones de amor en las paredes.
- Bueno, ahora, niño loco, ya no siento pena sólo por mí, sino también por ti.
- Riámonos de nuestras penas entonces – le dije.
- Ese será el plan – contestó.
En eso en la calle empezó a sonar una canción conocida para los dos, fue extraño.
- Hey ¿te acuerdas de esa canción? - le pregunté
- Sí, es de época ¿no? Me gusta, la escuchaba en las madrugadas, cuando llamabas a mi casa y yo me escondía debajo de la cama para hablarte. Y para no decirnos te amo nos decíamos "te extraño" o "cuídate". Era divertido, ¿Qué éramos? Espías rusos jajaja.
- Sí, y nos despedíamos durante media hora.
-¿Qué pasaba con nosotros?
- Creo que pasaba todo y nada, como siempre.
- Aja… Oye, no quería que llegáramos a este punto, pero... ¿Tienes tatuajes?
- ¿Yo? A ver, conociéndome como me conoces ¿tú qué crees?
- Que no.
- Acertaste.
- ¿Y tú? conociéndome como me conoces ¿tengo tatuajes? – pregunto ella.
- Pues yo creo que tú sí.
- Sí, tengo dos – me dijo – pero quiero hacerme un tercero y no sé que ponerme. ¿Qué me aconsejas?
Había terminado mi café. Ella me miraba esperando la respuesta; yo me sentía encantado con su compañía. Había olvidado todo mis problemas a su lado. Por unos segundos me perdí en esos ojos negros, tan negros como el café que tomaba y me deje llevar por su voz, sentí el reflejo del amor pasado.
- Yo sé qué puedes tatuarte - le dije- ponte…
Y de repente no dije nada, tuve un segundo de lucidez antes decir algo que podía costarme los años de sufrimiento que había pasado, enmudecí.
– No, nada, olvídalo.
- No, dime – dijo ella.
- No, se me fue la idea – Mentí.
- No, yo sé que no se te ha ido la idea, dime; yo sé que es pero quiero que tú lo digas – Insistió ella- dilo.
- No, no está bien – contesté.
- Dilo o no te perdonaré – Se entercó ella – dilo, dilo, dilo, niño loco, dilo. Tú sabes que podemos estar años sin hablar.
- ¡Por dios! – exclamé yo, no sabía qué hacer.
- ¡Dilo! ¡Carajo! - Presionó ella.
- ¡Iba a decir que te pongas mi nombre! – Contesté apurado – pero no está bien.
Yo estaba avergonzado, pero ella moría de risa, vi gozo en sus ojos, como si hubiera recibido un lujoso diamante.
- Sabía que dirías eso jajaja, sólo quería ver si tenía razón – continuó ella - pero para tatuarme tu nombre tendrías que hacerme tuya jajaja...
Yo ya no me reía, me había puesto serio. Me sentía mal, me había traicionado a mí mismo, no debía volver a ceder ante esos ojos y eso era lo que había hecho.
- Lo siento, no debí hacer ese comentario – le dije.
- Tranquilo, no lo sentí faltoso, lo sentí tan tuyo – contestó ella, con una sonrisa en el rostro y un brillo pícaro en sus ojos.
- Pero yo no suelo hacer ese tipo de comentarios – Le respondí.
- Lo sé, por eso lo disfrute mucho – replicó ella.
Entonces, me levanté de la banca, tuve miedo y le dije que ya me iba. Ella se levantó también y me dijo que camináramos juntos hasta la avenida. Yo no le contesté y eché a andar. Ella caminó a mi lado, yo la sentía regodearse con lo que pasaba. Ella estiró su mano para tomarme el hombro y me detuvo un par de cuadras antes de llegar a la avenida.
- Niño, es muy noche ya, todas las tiendas han cerrado y tú y yo vivimos en distritos peligrosos. Es mejor que nos quedemos por aquí.
- ¿Y qué sugieres? – le pregunté, ya sin fuerza espiritual.
- Un amigo mío tiene una habitación por aquí cerca, vamos allí- Me dijo.
Yo ya había perdido el valor, no me sentía capaz de negarle nada a esos ojos que me habían asechado durante tanto tiempo. Sabía que era una mujer guapa, pero también sabía que era mi perdición. Ella me tomó de la mano y me guió lentamente a ese paraíso artificial, a esa muerte dulce, a ese infierno florido del que había escapado hace 5 años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario