lunes, 1 de agosto de 2016

ADIOS PUCHO

Lunes, 20 de diciembre de 2010:

Hoy perdí a dos seres importantes en mi vida: a un amigo y a alguien más que ya no debo recordar. Mi amigo se fue para siempre, para que no lo vea mal y sufra por él. Pero como extraño sus maullidos en mi casa, su presencia silenciosa que me hacia compañía. Siempre pensé que como es una mascota todo es fácil para él, sólo tiene que esperar para que se alimente, acercarse a alguien si quiere jugar, casi nunca nadie lo ignoraba. Solía sentarse en la ventana de la casa a contemplar la nada.

Lo veía alocarse desesperadamente mientras afilaba sus uñas en los muebles. Al parecer, eso le producía un placer que era impedido cada vez que, mi padre o mi madre, aparecía con el matamoscas para espantarlo, ó mejor dicho corretearlo; mientras yo sonreía y sonreía porque me sentía cómplice de esa rebelión, de esa melancolía, de esa soledad que nos familiarizaba. Admiraba su independencia y el atrevimiento que yo no tenía, el atrevimiento que lo sacaba lejos de casa para ir a buscar a su media naranja, mientras paseaba por la casa de vecinos a los cuales no les importaba que lo hiciese y por la de otros que al parecer sí: gente malhumorada, infelices, aburridos de la vida que parece que les hace sentir bien el quitársela a otros.

Me imagino sus caras vertiendo el veneno en la comida, dejándola en el patio de sus casas, y me parece gente mentalmente enferma, que sólo espera que algún animal, atrevidamente inconsciente, se alimente con eso y termine muriendo poco a poco, como mi gato, que estuvo después de probar ese maldito bocado tres días sin comer nada, sin beber nada, vomitando y con una mirada triste. Y yo sintiéndome tan estúpido sin dinero, sin poder hacer nada; pidiéndole a dios que se recupere mi amigo, que no lo quiero ver morir tan cerca de la navidad.

Al parecer dios me escuchó. Esta mañana "Pucho" estaba echado en mi cama y me miraba. Creo que sentía la pena con que lo acariciaba. Alguna vez escuché a la gente decir que los gatos son orgullosos, se van cuando saben que van a morir. Y así fue, se marcho débil, sin fuerza, lo vi salir por la ventana, no lo detuve, no le quitaría la libertad que siempre le admiré, sólo deje que se fuera, sintiendo pero no creyendo que esa sería la última vez que lo vería.


PD: Escrito rescatado de un blog personal desaparecido.

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